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viernes, 29 de enero de 2016

CONFESIONES: 20 cosas que he aprendido desde mi divorcio (Parte 1)





Hace 6 años me separé, luego de casi 20 años de permanecer unida a un sujeto al que en verdad pensé haber amado, al que me entregué incondicional y ciegamente en nombre de un “amor”, dejando a un lado mis sueños, mis metas, mi vida entera (después supe que a eso realmente se le llama dependencia emocional).

Ya en otros posts he hablado sobre el tipo de relación que tuve con este sujeto, pero debo no está de más mencionar un poco el contexto como una forma de preámbulo a la reflexión que hoy comparto en este artículo: 

Me casé cuando yo tenía 24 años, él tenía 32. Como la mayoría de las veces sucede, éramos muy distintos, proveníamos de familias muy disímbolas entre sí, nuestra educación, costumbres y hábitos eran simplemente diferentes… lo único que teníamos en común era la carrera profesional (ambos somos contadores públicos), además de compartir el lugar de trabajo que, en aquel entonces, hizo que nos conociéramos.

Acepto y reconozco que fui yo quien se “enamoró” casi a primera vista de él. Y esa fue mi perdición durante casi 20 años. Durante ese tiempo, estuve realmente convencida de que era muy afortunada de tenerlo a mi lado, por lo que debía mostrarle mi agradecimiento toda la vida, y fue así que permití toda clase de abusos y controles. Pero ¿Cómo dejé que sucediera una relación tan abusiva, condicionada por él y sin respeto por mi misma, permitiendo que me usara y me anulara desde el principio? Simplemente por falta de autoestima, por miedo a estar "sola" y por una necesidad de aferrarme a alguien mayor para sentirme protegida. No lo sé, razones hay muchas, pero lo que es seguro es que NO me valoré como debía. 

Casi al año de casados tuvimos a nuestra hija (la única, y que hoy se ha convertido en una hermosa y luchadora jovencita). Mientras duró el matrimonio no tuve un trabajo remunerado fuera del hogar conyugal, porque me dediqué a trabajar en mis labores de esposa y de mamá, satisfaciendo las necesidades de él y de la familia que formamos en un horario de 24 horas del día los 365 días del año, sin percibir sueldo ni prestaciones de ninguna clase. Y a pesar de mi presencia constante y permanente dentro del hogar, irónicamente, poco a poco mi personalidad iba siendo anulada, ignorada y devaluada…. Yo solo existía para las cosas del hogar, para resolver algunos trámites, para llevar a la hija al colegio, organizar las tareas domésticas y todo ese tipo de cosas que "solo le atañen  a las amas de casa", por el contrario, mi opinión no servía para tomar decisiones y mucho menos para exigir ser atendida de la misma forma que los demás miembros gozaban...  ¿Le suena familiar a alguien?

Con el tiempo todo cambia y nadie se imaginaba (ni siquiera yo) que 20 años después de una aparente relación perfecta y ejemplar, terminaríamos divorciándonos de una forma un tanto abrupta y agresiva. Agresiva en el sentido de que el proceso se llevó 5 largos y tediosos años, el cual estuvo plagado de audiencias interminables, obstáculos, ofensas, mentiras, etc. Pero afortunadamente hace un año exactamente quedamos oficial y legalmente divorciados, y por eso escribo este post, con el fin de meditar un poco acerca de mis propios avances, fracasos, esfuerzos y de las pocas o muchas experiencias que he ido aprendiendo  a raíz de mi separación con aquel sujeto, al que alguna vez creí indispensable en mi vida. 

Hoy, 6 años después de haber  roto el ciclo de violencia, hago una evaluación de mis avances y retrocesos (¿por qué no?). Hoy comparto una lista de lo que he aprendido a partir de vivir conmigo misma, de las cosas que he tenido que hacer, que dejar, de lo bueno y malo que he experimentado, así como de aquellas cosas que nunca creí poder vivir y las que intento poder alcanzar.

Entonces, ¿qué cosas he aprendido desde mi divorcio? Bueno, pues he aprendido que....

1) NADA ES PARA SIEMPRE. Es lo primero que aprendí. Muy en el fondo yo sabía que éramos distintos, y que el amor no era recíproco por parte de él. Pero aún así, aquella tarde en la entrada de la iglesia (la que él había escogido para esa ocasión tan especial), justo antes de entrar con mi vestido blanco y tieso, creí firmemente que sería para toda la vida; me imaginé eternamente al lado del hombre al que elegí como pareja y al que le rendiría pleitesía como una forma de demostrarle mi amor y mi agradecimiento (error garrafal). Sin embargo, con los años me dí cuenta de que era difícil llevar una vida en común, pues el egocentrismo que él poseía era incomparable, era imposible hablar o llegar a acuerdos, ya que  la relación nunca fue igualitaria, así que era increíble que permaneciéramos juntos por más esfuerzos que yo hiciera. Es cierto, habíamos construido una hermosa familia, sí, pero ante los ojos de los demás. Nadie sabía lo que detrás de los muros existía. 

Es verdad que las personas somos entes distintos por naturaleza, sin embargo, cuando hay amor verdadero y reciproco hay respeto, aceptación, comprensión, comunicación y complemento, lo que facilita compartir una vida en común, pero aún así nada  garantiza que sea para siempre. Recordemos que la vida se forma de ciclos y etapas,  y hay que estar preparadas para lo que suceda y, sobre todo, para cerrar cada una de ellas….


2) NO TENGO QUE ADAPTARME A NADIE NI SOY LA SOMBRA DE NADIE.  Aparentar una familia "perfecta" implicaba un gran esfuerzo, sobre todo, de mi parte. La felicidad de él, se debía en gran parte a mi resignación por hacerme a un lado, por permanecer a la sombra, por permitir que mi crecimiento personal, profesional, espiritual y emocional se anulara y, de esta forma,  él fuera el que avanzara en todos los aspectos. Creí, equivocadamente, que esa era la única forma en que la familia también progresaría, pero la verdad es que al final la familia no progresó; fue él quien se quedó con el resultado de todo el esfuerzo que en conjunto construimos. Pero ni siquiera eso me importó cuando decidí romper con la relación. Honestamente, nunca pensé que llegaría el día en que mi dignidad protestara, lo cual me llevó a poner límites y a darme cuenta de que no estaba en el lugar ni con la persona correcta. 

Sí, abrí los ojos y me di cuenta que mi bienestar mental, emocional y físico debían ser  mi prioridad, así que aprendí a que nunca más me sometería a las necesidades, caprichos ni a la voluntad de nadie.


3) PUEDO VIVIR FELIZMENTE SIN ÉL. Durante todos esos años que permanecí al lado de mi ahora ex marido, tuve la firme convicción de que sin él yo no sería capaz de vivir, y no solo me refiero al aspecto material,  mi miedo estaba enfocado al aspecto emocional, a no volver a contar con su presencia física. No me imaginaba sin él, sin sus constantes llamadas telefónicas para saber dónde estaba o qué estaba haciendo, no podía imaginarme sin su supervisión sobre lo que yo comía, lo que me ponía o en lo que gastaba. Él dirigía y controlaba prácticamente toda mi vida y mis decisiones…. ¿Qué iba a hacer sin él?. Simplemente, no me imaginaba llevando una vida sin su presencia, no me creí capaz de sobrevivir. 

Yo misma se lo dije a él miles de veces y frente a quien fuera: “Sin ti, no podría vivir”. Menudo susto se llevó cuando lo abandoné,  y gran sorpresa me he llevado cuando descubrí que no solo puedo vivir sin él, sino que además puedo vivir feliz, tranquila y sin la obligación de reportarme ante nadie. 


4) PUEDO DISFRUTAR DE LA "SOLEDAD". Es lógico que una vez lejos de quien organizaba y controlaba mi vida, de pronto sentí un gran vacío, hubo días en que extrañaba sus comentarios, sus sugerencias y hasta sus indicaciones. En ciertos momentos me vi apanicada sin saber qué hacer en determinadas situaciones. Pero no solo eso, también recordaba los buenos momentos, las largas pláticas por la mañana, los fines de semana en el bingo, las reuniones familiares y ese tipo de cosas que muchas veces nos llevan a idealizar las relaciones, dejando a un lado todo el conjunto de buenos y MALOS momentos que hubo. No quise caer en ese error, así que me enfoqué en recordar los pleitos, las discusiones, las faltas de respeto y todo aquello que al final nos llevó a romper con la relación. Traté de equilibrar todas las experiencias vividas, buenas y malas,  para poder ser objetiva y comprender que en realidad estaba mejor sin él. 


Conocerse a si misma es el paso más importante que debe dar cualquier mujer, sobre todo a la hora de una separación, sin embargo, dar ese paso, muchas veces, solo se puede llevar a cabo estando en soledad. Y no me refiero a encerrarse en un sótano por un tiempo indeterminado sin socializar con nadie. No, en realidad una nunca está sola. Yo conté con el apoyo de mi familia, sobre todo el de mi madre, quien a pesar de no entender o no coincidir en muchas cosas conmigo, estuvo ahí para escucharme y hasta para rebatirme, y todo eso me ayudó a sacar esas sensaciones que guardé por mucho tiempo. También cuento con el amor y la presencia de mi hija, y eso no tiene precio. 

Cuando se rompe con una relación tan larga, se experimenta cierto tipo de “soledad” (mal llamada así porque insisto, nunca estamos solas y en dado caso, nos tenernos a nosotras mismas), en la que de pronto, una debe tomar sus propias decisiones. Poco a poco, yo he ido aprendiendo cosas tan esenciales que durante casi 20 años no hice (en el caso de otras mujeres puede ser así, o no, dependiendo del tipo de relación que hayan tenido). Por ejemplo, al principio, yo padecía por cosas tan simples y absurdas como: ¿cómo conectar el gas?, ¿qué pasará si el coche se descompone?, ¿quién cubrirá el gasto del hospital si mi hija se enferma?, ¿cómo me quedará este vestido?... En fin, miles de preguntas que representan miedos imaginarios y miedos reales, pero al fin y al cabo, se trata de miedo a enfrentar la vida "sola"... Pero en una situación así, ya no hay retroceso.

Del mismo modo,  también he aprendido otras cosas, como a vestirme como realmente me gusta (pantalones de mi talla, no dos tallas más grandes), arreglarme diariamente (no solo cuando voy a salir), ir al gimnasio, cuidar mi salud, no pedir permiso ni rendirle cuentas a nadie, a socializar y hacer amistades sin necesidad de la aprobación de nadie. Estar sin pareja me ha enseñado a ser capaz de tomar mis propias decisiones, a tener la libertad de equivocarme, de corregir y de volver a equivocarme…. He aprendido a llevar mis propias cuentas, a vivir con muchas carencias, a enfrentarme a un mundo donde las mujeres de mi edad y de mi condición (sin experiencia laboral), son rechazadas al solicitar un empleo, pero también he aprendido que no debo rendirme. En fin, la "soledad" nos enseña a enfrentar la vida y, principalmente, a descubrir que somos  capaces de hacerlo. 


5) NUNCA MÁS VOLVERÉ A HUMILLARME. Este punto viene de la mano con los anteriores. No hay nada peor que denigrarse en nombre de un “amor”; regalar la dignidad no es válido ni sano, ya que es lo más valioso que cualquier persona posee. Alguien que en verdad nos ame, no espera que le demostremos nuestro amor humillándonos ni permitiría que el dolor o el sufrimiento nos invadiera, y hará todo lo posible para evitarnos cualquier tipo de sufrimiento,  preocupación o angustia… Recuerdo amargamente las veces que yo tuve que hincarme (literalmente) para pedirle, a mi hoy ex marido, que por favor me ayudara en algún asunto que me aquejaba. Él tenía la costumbre de pararse frente a mi, de forma erguida, cruzaba los brazos y me miraba de arriba a abajo, como una señal de que si quería su ayuda o su comprensión, debía humillarme al máximo… ¿cómo? Hincándome ante su presencia. Sí, lo reconozco, lo hice más de una vez. Mis súplicas eran diversas, según de lo que se tratara, por ejemplo: que me perdonara porque el dinero no me había alcanzado, o tal vez porque gasté más de lo permitido (sin su previa autorización)  en alguna ropa que me hacía falta o en un simple refresco (el objeto era lo de menos, lo importante para él es que no le hubiera consultado si podía tomar algo de “su” dinero), o bien, solo me hincaba para que me dirigiera la palabra, pues él tenía la costumbre de aplicarme la Ley de Hielo por días o semanas enteras,  y eso era insoportable para mí, así que recurría a humillarme lo más bajo posible para obtener su perdón. 

Hoy sé que nunca debí humillarme, pero sé que el “hubiera” o el “no hubiera” no existen, así que lo tomo como un aprendizaje más de lo que sé que nunca más volveré a permitir.


6) MEREZCO QUE ME DEMUESTREN CON HECHOS QUE SOY AMADA Y RESPETADA; NO DEJARLO A LA INTUICIÓN NI DARLO POR HECHO.  No quiero ser ignorada ni ser la segunda opción de nadie. Merezco respeto y sé que todo sentimiento, sobre todo el amor, debe demostrarse, no debe darse por entendido por el solo de permanecer en una relación. Las relaciones se construyen día con día y  es una tarea de los involucrados; demostrar amor es recíproco y quien da, tiene el derecho a recibir. No se vale decir que “yo soy feliz dando y no espero nada a cambio”. ¡NO! hay que entender que si doy amor, lo justo es que me retribuyan de la misma forma, y sino es así, entonces no vale la pena. 

La seguridad de saber que merezco recibir el mismo amor que doy, me la da el amor que tengo por mi misma.  Debemos aprender que si no me amo yo, nadie más lo hará. Por tanto, si no hay hechos, no hay relación... así de sencillo. 


7) PUEDO SER MAMÁ SIN LA AYUDA O EL APOYO DEL PAPÁ. Se dice que en un divorcio los hijos son los más afectados, y es cierto. Muchas veces no podemos vivir engañándonos o fomentando una imagen falsa,  empeñándonos en criar a nuestros hijos en un entorno insano, lleno de desamor o hasta violento, con tal de preservar una “familia”. El ejemplo que le demos a nuestras hijas e hijos es fundamental para su desarrollo, por lo tanto, si vemos que en lugar de hacer un bien, estamos afectando nuestra integridad mental, emocional y hasta física, y la de nuestros hijos, lo ideal es alejarlos de dicho entorno. Durante muchos años, crié a mi hija en un ambiente familiar, con muchos problemas, pero para mí era importante que ella se desarrollara en el típico entorno de Mamá, Papá, Hija y perrito, es decir, la “familia ideal” y esa etapa duró realmente hasta su adolescencia. Después, todo cambió. Confieso que nunca me creí capaz de convertirme en mamá sin la presencia del papá. Para mí,  ejercer el papel de padres debía ser una dualidad, pero la vida nos enseña lo equivocadas que podemos estar. 

A pesar de que mi hija hoy es una mujercita mayor de edad, sigue necesitando del amor, de la comprensión, de la presencia, de la guía y hasta de los consejos que siempre le dimos. Sin embargo, hoy su padre está ausente de su vida, por elección de él, debido a que ella decidió vivir conmigo, convirtiéndome así, en su único refugio y apoyo en todos los aspectos… No ha sido fácil, pero es maravilloso ver cómo cada día aquella niñita ha ido desarrollando sus capacidades; nada se compara con ser testigo del crecimiento paulatino de sus inmensas alas que anhelan abrirse para volar en cualquier momento. 


Qué tonto aquel que se niega por orgullo, avaricia, irresponsabilidad y estupidez, a formar parte de la vida de un ser tan increíble y que hoy solo comparte su sangre. 


8) ES PREFERIBLE ALEJARSE DE QUIENES NO SE SOLIDARIZAN CON NUESTRA NUEVA SITUACIÓN. Como sucede en las circunstancias dolorosas, lo primero que se hace es intentar aferrarse al entorno más próximo. Las complicaciones empiezan cuando los familiares y/o amigos más queridos se sienten obligados a elegir y, finalmente, toman partido por uno o por otro, o se alejan de ambos. En general, ellos pueden resultar más confundidos que los miembros de la pareja y equivocarse emitiendo juicios erróneos sobre la situación, pero eso es problema de ellos. 


Hay gente que fue parte de mi vida y que de pronto tomó las cosas de forma personal. Mis problemas con mi ex marido, de pronto también ya eran problema de cierta gente. Les afectaba de forma directa, ya sea que no compartían mis decisiones o simplemente se dedicaban a juzgarlas al grado de sentirse con la autoridad de opinar, ofender o simplemente alejarse…¿Cómo pasa eso? No lo sé, tal vez en estos casos afloran las debilidades y las miserias y cada uno se ubica donde le corresponde.... y hay que respetar sus decisiones.


En estos casos, lo más saludable es suspender el diálogo y hasta la relación (ya sea que se trate de amigos o familia) y centrarse en los sentimientos propios para enfrentar la nueva realidad. No hay que frustrarse intentando comprender por qué algunos amigos o familiares se apartan. No necesitamos cargar con eso, apenas podemos con lo que nos espera. Sí, duele que ciertas personas clave en nuestra vida, opten por alejarse, que no nos comprendan o que nos juzguen, pues estamos en una situación vulnerable, pero son señales de que esas relaciones se van a cortar con el tiempo. Una no puede hacerse cargo de muchas cosas en ese estado. Así que hay que estar preparadas y no confiar en que todos van a apoyarte, ni siquiera aquellos que creíste muy cercanos a ti.


9) SOY CAPAZ DE CONOCER Y FOMENTAR NUEVAS AMISTADES. Es en esta situación donde se pierden amigos muy queridos, pero también se ganan grandes amistades. Y eso forma parte del equilibrio de la vida. Te quita, pero también te da. Y no hay que despreciar a nadie. 

En esta etapa, me ha dolido la decepción de ver cómo gente tan cercana se ha alejado, pero no puedo quejarme, pues al mismo tiempo he tenido la enorme fortuna de conocer gente con grandes valores, con un sentido incomparable de empatía, solidaridad y comprensión… qué ironía, quienes te conocen y a quienes trataste por años se alejan por cosas que no les afectan directamente y que en el fondo desconocen, pero de pronto por las mismas razones llega gente nueva…. Eso es simplemente asombroso.


10) NO HAY VÍCTIMAS NI VICTIMARIOS, simplemente hay decisiones que tomar. Una pareja se forma con dos personas. Cuando los problemas surgen, y mientras ambos quieren, pueden resolverse, cuando no, solo queda tomar decisiones. Prolongar una relación llena de problemas, engaños, mentiras, abusos o violencia, no es una forma aceptable de vivir, al contrario, es una forma de desgastar una relación. Cuando uno de los dos comete un error o abusa del otro, la otra parte debe tomar la decisión adecuada que le permita proteger su bienestar emocional y/o físico. Por eso, no hay víctimas ni victimarios. Cada uno tiene en su mano la decisión de hacer valer sus derechos y terminar a tiempo con la relación…. No hay que prolongar una relación que solo contribuya a destruirnos como pareja y como personas. Yo tardé 20 años en tomar la decisión de alejarme, pero eso no me convierte en víctima ni a él en victimario (o viceversa), simplemente no rompí a tiempo y permití que los abusos perduraran y empeoraran con el transcurso de los años. Eso mismo trajo como consecuencia que tardara más en recuperarme, pero finalmente, hoy estoy en ese proceso.




Esta es la primera parte de mi lista, una lista que he realizado después de hacer un breve análisis donde he podido comparar mi vida pasada  con la que hoy tengo. Sí, puede extenderse indefinidamente, pero lo importante es saber que NO ME ARREPIENTO de nada a pesar de los nuevos obstáculos, problemas y carencias que hoy  tengo. Aunque cabe aclarar que antes (en mi matrimonio) también existieron obstáculos, problemas y carencias de todo tipo, solo que hoy puedo verlos y tratarlos bajo una perspectiva distinta, con la libertad de decidir, de acertar, de equivocarme, de saber que puedo y hasta de derrumbarme porque algunas veces sé que no podré continuar ni resolverlos, pero he entendido que también se vale pedir ayuda y que siempre hay alternativas que la vida nos ofrece....  

Efectivamente, desde mi divorcio he enfrentado mayores dificultades para resolver sobre todo el tema económico, pero  al menos he podido recuperar mi dignidad,   conservar mi identidad y hasta tengo la libertad de compartir con ustedes parte de mi vida con la esperanza de que algunas mujeres se identifiquen y sepan que nunca es tarde para volver a empezar.

((()))

MUJER:

¿Y tú? ¿Cómo ha sido tu vida a partir de determinado evento (divorcio, matrimonio,  o lo que sea)? 

Detente un momento y analiza tu vida. Haz que tu lista personal vaya mucho más allá de las particularidades de pareja y navega por otras grandes cuestiones de la vida.  Verás cuánto has avanzado en la vida y ni cuenta te has dado. 


*LA PRÓXIMA SEMANA LA 2A. PARTE


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